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¡Aplausos, gritos,
música de clarines!
El torero sale a la arena, su traje de luces brilla bajo el sol.
El público contiene la respiración...
Cuando un toro ignora al torero no hay faena.
Y sin faena no hay público. Y sin público no hay gloria.
Esto último le ocurre al protagonista de este simpático
relato que, tras quedarse sin astado al que lidiar, tiene la ocurrencia
de intentar convencer a otro animal. La sensación de fracaso
lleva al pobre torero a un cambio de rumbo drástico. Pero
a cambio ganará un montón de amigos: conejos, ciervos,
jabalíes e incluso algún que otro toro risueño.
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