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Eduardo se hizo cada vez
más torpe, más cruel, más ruidoso, más
desordenado, más sucio y más bruto, hasta que un día
le dijeron... “Eduardo, de verdad, eres el niño más
terrible del mundo”.
Eduardo es un niño como otro cualquiera,
con la particularidad de que su carácter puede llegar a ser
poco ejemplar: ruidoso, bruto con las cosas y los demás niños,
desordenado y sucio… Se había ganado por méritos
propios el poco honroso título que ostentaba, como el niño
más terrible del mundo, a consecuencia de acumular tantos
defectos. |
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