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A Elefante le encantaba
hurgarse en la nariz.
Y a Ratita, su vecina, también le gustaba mucho.
A Rana también le hubiese gustado meterse el dedo en la nariz,
pero su madre no le dejaba… La
nariz es una de las partes del cuerpo que más llama la atención
de los niños en la primera etapa de su infancia. Desde muy
pequeños nos han inculcado una serie de convenciones sociales
y normas de comportamiento con respecto a nuestro apéndice
facial: meterse el dedo en la nariz en público no está
bien visto y así se nos ha educado. Pero, ¿hasta qué
punto tienen razón los mayores?
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