| Era alrededor de
la medianoche; las doce y cincuenta y nueve, para ser exactos.
El viento soplaba con fuerza y la vieja casa crujía
y crujía.
La niña miraba por la ventana. Era una noche tranquila
y normal. Pero algo aguardaba en la casa, en aquella casa
tan especial.
Tic, tac, tic, tac, tic...
Una atmósfera densa, intrigante, sombría
y casi terrorífica -con predominio de colores oscuros-
envuelve al lector desde la primera página de este
libro, protagonizado por un atípico reloj, no apto
para supersticiosos, ya que no son doce las horas que marca,
sino trece. A cada campanada, van surgiendo de la nada multitud
de criaturas espeluznantes, de formas geométricas,
que producen una mezcla de miedo y ternura: fantasmas, seres
viscosos y peludos, y otros de aspecto indefinido, acechan
a una niña de aspecto inocente que duerme plácidamente
en su habitación. |